Los autos de bebé, un placer culpable

Una de las cosas que siempre me han gustado, han sido los autos de bebé, no entiendo muy bien porque tal vez por el sonido que hacen o los colores, o sus ruedas, no lo sé.

La verdad mis papás no son muy selectivos entre juguetes de «niño» o «niña», en ese sentido tengo libertad para escoger muchas veces qué juguetes me quieran comprar, si es que ellos pueden claro.

Sin embargo a pesar de esa libertad, siempre escojo lo mismo, autitos. Es que hay tanta variedad, formas, tamaños, ruedas grandes y pequeñas, que son un mundo entero por descubrir.

Me gusta lanzarlos para que sigan su camino y ver hasta donde llegan, varias veces los he intentado hacer volar, pero no, no funciona. De hecho mis papás me dicen que no lo haga, sobre todo si les cae por casualidad cerca de su cabeza. he querido comprobar además que tan resistentes son y claro al principio tenia unos autitos que eran de goma que hacían un ruido entretenido cada vez que los apretaba, luego tuve unos de plástico. Definitivamente ahi si me retaron sobre todo cuando por accidente y mala puntería le llegue a mi abuelo en la cabeza. No me creyeron que yo solo quería acertar cerca. En todo caso él solo se rió, mientras mis papás me quedaron viendo con esa mirada tenebrosa de estás en problemas.

La salida al Mall y los autos de paseo

No hace mucho, antes del tiempo donde la cuarentena cerrara todo. En el mall de la ciudad donde vivimos existía en el segundo piso una empresa que tenía los autitos más maravillosos que había visto jamás. Eran unos autos de bebé perfectos.

Eran autos como para mí, de mi tamaño, y se movían de verdad, de hecho, podían colocarme un cinturon y yo manejar. Nunca entendí muy bien eso, pero a mi papá le pasaban un control parecido al de su play station y podía decidir donde llevarme.

Hasta ese momento todo iba de maravilla, yo escogí un autito rojo que me encantó por que tenía una música muy alegre y además mi papá se divertía llevándome a donde el quisiese. Todo iba bien, hasta que le dió uno de sus impulsos de genialidad.

Auto de bebé

Habíamos ido ya un par de veces y la pasábamos bien, era entretenido, me gustaba relajarme mientras me sacaban a dar un paseo con música de fondo. Todo de maravilla, hasta que mi papá como que se le cruzaron los cables y misteriosamente se le cruzó un pilar de cemento. Si estimados, claramente choqué contra el pilar y claro el afectado no fué él, si sólo movía sus dedos para llevarme, el que recibió el choque fuí yo.

Lo peor fue solamente el susto, debo reconocer que más de alguna lágrima deje caer. Mi papá corrió hacia mía mientras mi mamá seguía sentada en una banca, porque la tapada otro pilar entonces no vió lo sucedido. Mi papá me calmó, debió sacarme del auto y tuvimos que entregar el lindo autito rojo. Mientras yo con mis ojos rojos, pedí que me cargue mi mamá, debo reconocer que ese día vía asustado a mi papá. No por el golpe que recibí si después de todo no me pasó nada. Más bien fue por la mirada que mi mamá le dió. Ella tiene esa extraña característica que no grita, pero con esa mirada logra atravesar hasta tu alma. Fue tanto que mi papá se llegó a poner tartamudo. Claramente intenté explicarle a mi mamá lo sucedido pero no logré que me entendiera.

Bueno gracias al incidente, igual me compraron un rico así que igual lo terminé perdonando, pero el miedo de mi papá se siguió sintiendo en el aire por que mi mamá siguió con la mirada juzgadora. Hasta el día de hoy aún me gustan los autos de bebé.

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