La piscina, una bañera gigante

Mis papás cuando quieren ser cargantes con algo, lo logran. Siempre les ha gustado mucho el agua, pero un día se les ocurrió llevarme a un lugar llamado piscina.

No entendía mucho, pero comenzaron a comprar una serie de implementos, como ropa especial y hasta pañales especiales y decían que es algo que me ayudaría en mi psicomotricidad o como se escriba.

La preparación:

Ese día nos levantamos temprano y comenzamos a ir de tienda en tienda buscando unos pares especiales que son para piscina, la verdad no me gustaron mucho porque me quedaron un poco apretados. Me explicaron que si o si tenía que ocuparlos donde íbamos, y que más haría yo si ni siquiera se hablar. Sin embargo la idea de esa famosa piscina ya me estaba cayendo mal.

Primero fuimos a un supermercado, no había esos famosos pañales, luego a otro, así que empezamos a consultar en las farmacias y nos mostraban algunos que no les convencía. Hasta que fuimos a un tercer supermercado y terminaron comprando el primero que había. Quien los entiende.

Luego llegamos a la casa y me mostraron una ropa nueva para ponerme, era de un color azul lindo, lo único que me molestaba era que se veía algo… pequeño para mí y eso que yo ya solo chiquitito. Me la pusieron yo a regañadientes, costó un poco pero una vez puesto, me sentía tan libre y calentito, que incluso me olvide que tenía puesto ropa.

Hasta ese momento íbamos bien. Nos subimos al auto, ellos igual se pusieron una ropa especial, que era como entre ropa y  pijama, que le llamaron traje de baño.

La ida a la piscina

íbamos en el auto conversando sobre justamente la piscina y fue en ese momento cuando realmente me preocupé. Me explicaron que ese lugar es como una bañera gigante llena de agua calentita donde podía jugar. Después de la experiencia de mi primer baño, no les tenía mucha esperanza que fuese algo que no me traumaran de nuevo.

Cuando realmente se me colocaron los pelos de punta, fue cuando dijeron… bueno a pesar que ninguno de nosotros sabe nadar, de alguna forma lo haremos. Ese afán a la improvisación de ambos es una cosa impresionante, como que se potencian, claro como ellos tocarán el suelo mientras mi cuerpito flotará ya me estaba asustando.

Ibamos en el auto y yo simplemente decidí no preocuparme más, total, que sea lo que el destino decida para mí. Tuve que hacer algo muy malo en mi vida pasada para que me den de padres este par.

La entrada a la piscina 

Llegamos a tal famoso lugar, no quedaba tan lejos, mientras mi mamá me cargaba en sus brazos, mi papá cargaba una cantidad de bolsos impresionantes. Yo ya no sabía si íbamos a esa piscina o de viaje. Entramos nos cambiamos de ropita, nos pusimos unos gorros apretados que no me gustó mucho la verdad y luego pasamos por una ducha que me cargó, mis papás me pasaron bajo el agua como si estuviesen lavando una lechuga. Por que será que tengo que seguirlos…

Luego entramos y me mostraron la tan famosa piscina. Simplemente era una bañera gigante, pero a mi me gustaba bañarme. Sin embargo con todo lo que me contaron en el auto estaba un poco reacio a entrar. 

Mi papá me tomó en brazos y yo sin mucho que alegar me dejé llevar. Al principio se metió él. Me preocupó cuando la mitad de su cuerpo desapareció en el agua, ¡Se lo estaba tragando! ¡Qué clase de bañera me trajeron! Lo peor fue cuando mis pies siguieron, yo empecé a chapotear por miedo, pero poco a poco me empecé a dar cuenta que estaba calentita. Debo reconocer que me gustó y simplemente me dejé llevar y me relajé. 

Mi papá no me soltaba nunca y me metió el agua hasta el cuello, yo movía mis brazos y piernas para evitar que me hunda, pero claramente sin resultado. Ya me estaba entreteniendo, era una experiencia nueva y hasta este momento mis papás no la habían embarrado así que me sentí bien.

Dentro de todo había un solo problema. Mi mamá estaba a la orilla de la piscina, como un gato sin querer mojarse. A pesar que mi papá le decía que se meta, ella le tiene un poco de fobia al agua. Después de tanto mi papá logró convencerla, pero con la condición que la ande trayendo en sus hombros. No sé en que momento se les ocurrió que era buena idea, que él sostuviese al bebé y a su pareja, no sé pero como que ambos tienen ese impulso de idiotez a flor de piel. Claramente la situación no funcionó. Mi mamá se colocó en la espalda de mi papá como un verdadero caparazón de tortuga, mientras yo por si acaso seguí chapoteando por si al par se les ocurría soltarme.

Después de todo sus intentos, por suerte, no pasó nada malo. Fue una tarde muy entretenida, luego empezó a llegar más gente y como no somos muy sociales, simplemente nos salimos y nos fuimos. Ojalá se repita, me gustó esto de intentar aprender a nadar.

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