La mamadera, un dulce manjar de dioses

Una de las cosas que de verdad me encanta hablar es simplemente esto. Mi papa, mamadera o tetero es uno de mis objetos sagrados bendecido por la naturaleza que espero jamás se acabe. Que placer mas grande.

Después de lo ocurrido con el amamantamiento materno y la larga lucha que sufrimos con mi mamá, logramos optar por un consenso que sin mentirles salí ganando.

Cuando era más pequeñito tenía una mamadera quitita que era fácil de agarrar, aunque prefería que la tuviese mi papá así estaba al ladito mío. Aunque no siempre fue fácil. Mi vida antes era simple: Dormía me despertaba, comía, jugaba, comía, hacía popó, siesta, comía, jugaba, comía. A pesar de lo anterior me creerán que mi papá siempre se le olvidaba tenerme el agua lista, como si fuese algo nuevo o que fuese primer día que lo hacía. Así que acostumbré ver a mi mamá diciendole a mi papá lo del agua, y mi papá mirando al cielo y pidiendo perdón al mundo, se levantaba a preparar mi rica papa. Le quedan siempre muy buenas.

Como con cada tetero había que hervir agua y dejarla enfriar, era un tiempo que había que esperar. Sin embargo nunca entendí como no se les ocurrió antes lo de dejar lista el agua unas horas antes. Al principio como que les era novedad y cada 4 horas olvidarse de mi agüita era una pelea eterna y claro que me hacían enojar.

La solución

Con el correr de los meses se dieron cuenta que tener un termo era la mejor opción, nunca ocuparon agua no hervida, pero se veían en la obligación de esperar a que enfríe lo que generaba momentos tensos entre mis papás no porque se gritaran ni nada. Sino mas bien por la mirada de mi mamá que sin decir una palabra creanme que da miedo y mi papá lo sabe, hasta el día de hoy corre una pequeña gota de sudor por su frente al verla.

Volviendo al punto importante, se dieron cuenta que dejar el agua lista era la mejor opción así que empezaron a hacer eso y así la noche anterior guardando agua en el termo era lo más practico, dado que tenía la temperatura lista para cuando me despertaba.

Cambio de mamadera

A medida que fui creciendo, ese pequeño recipiente que albergaba mi manjar no era suficiente para mi pancita. Por lo que debieron cambiarlo por una mas grande. Al principio era un poco incomodo porque era más peso que me costaba sujetar, pero me fui acostumbrando. Además mis brazos se hicieron mas fuerte lo que me permitió tener yo mismo mi jarrito. Aunque debo reconocer que prefería que me tuviese mi papá.

Me siento igual culpable pero no arrepentido de una maña que tengo. Cuando llega la hora de mi mamadera, me siento en mi sillón en un lugar específico para ello, mi papá me tapa con mi mantita favorita y mi mamá me da mi leche y para completar el ritual me dan ambos un beso en la frente, es simplemente perfecto.

Sin embargo cuando estoy donde mis abuelos la situación es mejor aún, dado que también tengo mi lugar y forma especial de acostarme en el sillón y además mi tata me busca mi almohada especial para la hora de la papa. Creo que soy un poco consentido, pero lo merezco, no tengo pruebas pero tampoco tengo dudas.