El chupete, un juguete infaltable

Una cosa que extraño, es mi chupete. Mis papás me decían que me hacía mal y poco a poco me lo fueron quitando hasta que un día no lo ocupe más.

Sin embargo, no era un simple chupete. Era una herramienta de concentración, de enfoque y de relajación.

Cada vez que ocupaba ese pequeño aparato y lo ponía en mi boquita, sentía como si fuese mi mamá y me permitía tranquilizarme en mis momentos de ira. Mis papás lo sabían y lo ocuparon para ello o para que descansara y durmiera.

En más de alguna oportunidad los escuché conversando que no querían que yo ocupe el chupete o tete porque me hacía mal a mis dientes, sin embargo como algo tan majestuoso podría hacerme daño. Aparte que me traíta tantos recuerdos de mi mamá y luego de mi mamadera.

La rutina del tete

Teníamos una rutina sagrada, donde acostarme y taparme en mi cuneta con mi beso de buenas noches de ambos en ese tiempo, y luego me daban mi chupete. Así yo podía descansar y como era costumbre cuando no se ejecutaba de aquella forma simplemente no me dormía.

Cuando intentaron no darme el chupo claramente me enojé, y se los hice saber, yo no les ando quitando el celular o algún otro juguete de ellos, que se creen.

El chupete, el arma mortal

Como poco a poco empece a ganar fuerzas simplemente les empece a tirar cosas por la cabeza cuando no me pescaban, no me juzguen, no podía controlar bien mis emociones. Así que prefería tener mi chupo cerca, como era liviano me permitía mejorar mi puntería hacia ellos. Así empezó mi historia como lanzador, lindos tiempos, hoy ya puedo lanzarles cualquier cosa por la cabeza, ellos se enojan pero uno tiene que irse superando día a día.

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